Si eres mamá de un bebé y sueñas con tus diez minutos de paz, seguro que te han hablado alguna vez de estos columpios tan chulos en los que la mayoría de los bebés disfrutan e, incluso, pueden llegarse a quedar dormidos. Tú sueñas con un momentito de descanso, así que vas y lo compras…

Y entonces llega la hora de estrenarlo. Aquí os digo cómo hacerlo a lo grande. Puestos a estrenarlo, que no se diga 😉

Necesitas:

  • Un bebé
  • Un hermano mayor
  • Un columpio a estrenar

Instrucciones:

Uno. Lo primero de todo es asegurarte de que el hermano mayor está bien lejos del aparato. Ya lo sabes, como lo vea, va a quererse sentar él y sus 20 kilos van a acabar con tu sueño de diez minutos de paz.

Dos. Sacar el columpio de la caja y montarlo. Eso sí, darle un buen fregoteo al cacharro porque viene de fábrica y a saber qué ratas han andado por el almacén donde estuvo. Ante todo hay que seguir la máxima: “mamá limpia, infecciones que te ahorras”.

Tres. Una vez que está bien limpito y huele a desinfección como está mandado, montas al bebé. Le atas bien atado, aunque no entiendes muy bien dónde se va a ir un bebé de 4 meses él solo.

Nota: El paso dos y tres te los puedes ahorrar si el mayor está haciendo de las suyas y no tienes tiempo para escrúpulos (total, seguro que viene limpita de fábrica) o si estás hecha un trapo y lo único que te apetece es colocar al bebé ahí lo antes posible y respirar tranquila ni que sea diez maravillosos minutos. En estos casos está totalmente justificado mandar a tomar viento fresco la dichosa bayeta.

Cuatro. El bebé flipa. Mueve sus piernecitas de una manera juguetona. “¡Ay mira! ¡le gusta!”. Aún ni se mueve el cacharro, pero tú ya estás con la emoción del momento. Qué dinero más bien gastado, te dices. Visualizas tus diez minutos de paz, ¡qué digo diez!, ¡a lo mejor son hasta veinte!

Cinco. Enchufas el aparato. Velocidad 1. Poquito a poco, para que se adapte al balanceo. Quien pillara un columpio así para una. Hasta aquí, bien, ya lo tienes medio estrenado.

Seis. Pones el modo luces discoteca ON, que en este mundo hay que probarlo todo. Ahora sí que sí. Y para darle más vidilla, enciendes el modo música también, que no se diga y, por supuesto, con volumen a todo trapo, que estimule bien a la criatura, que ya se sabe que los niños salen más listos si escuchan mucha música desde pequeños. Aunque me da a mí que la música que suena  no es precisamente de Beethoven…

Siete. Viene el hermano a toda velocidad para ver el careto alucinado del pequeño. Como considera que eso va muy lento y así es muy aburrido, sube la velocidad del tirón al 10. Es en este preciso momento cuando compruebas que ese cinturón está ahí para algo. Y sí que sujeta a la criatura, sí…

Ocho. El bebé que está sufriendo un vaivén considerable atosigado por luces a su alrededor y una música repetitiva a todo trapo, decide que es hora de salir de allí. ¿Cómo? Pues haciendo la gran caca. Pero no cualquier caca, no, es la más grande que le has conocido hasta la fecha. Justamente hoy que estrenaba su columpio nuevo…

Nueve. Cuando sacas al bebé del columpio te das cuenta de la dimensión de la catástrofe. Tu columpio nuevo está todo pringado. Ni rastro ya del maravilloso y desinfectante olor a lejía.

Diez. El hermano mayor, que lo observa todo desde la lejanía (más le vale con el olor que despide el columpio), suelta: “Anda, pues sí que ha estrenado Señor Alvin el columpio a lo grande”.

Pues sí, pues sí. Y tan a lo grande…

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