Me gustan las sonrisas del Pequeño Flanagan y del Señor Alvin. Son geniales. Esas boquitas pequeñas llenas de dientes perfectos, blancos, nuevos… ¿Qué tendrán esas sonrisas que las hacen tan preciosas? Pues, aunque parezca obvio: dientes. Tienen dientes. Muchos dientes.

Así que, supongo que al igual que a mí, os gustaría que vuestros hijos conservaran los suyos, todos, toditos, todos en su sitio. Pues claro, me diréis. Pues no es tan fácil, os lo digo yo. Ains.

Y es que ese objetivo no es tan sencillo, no. Conservar los dientes tiene su aquel porque, en cualquier momento, ¡zas! te pasa como al niño del chiste que iba en bicicleta. “Mira, mamá, sin una mano; mira, mamá, sin dos manos; mira, mamá, sin dientes…” Pues eso.

Porque está claro que la sonrisa desdentada de un bebé es preciosa, pero la de un niño al que aún no le ha llegado la hora del Ratoncito Pérez…no tanto.

Así que si queréis saber cómo conservar su angelical sonrisa infantil llenita de dientes, deberéis cumplir estas normas tan básicas:

Uno. Bajo ningún concepto compres una moto, de esas que son como correpasillos pero para la calle. Si te la regalan, pide el ticket regalo por si lo puedes descambiar por un inofensivo juguete. A estas motos, te lo digo yo, las carga el diablo.

Dos. Si no has conseguido deshacerte de la moto, no salgas a una urbanización llena de cuestas. Las cuestas las carga el diablo.

Tres. Ni se te ocurra separarte ni un metro de tu churumbel de sonrisa encantadora. La distancia también la carga el diablo.

Cuatro. No te entretengas hablando ni cinco milisegundos con una vecina de clases extraescolares. Bueno, la conversación es lo de menos. Lo importante es la vecina… también a ellas las carga el diablo.

Cinco. No permitas que tu hijo mayor y sus amigos animen a tu precioso churumbel de preciosa sonrisa a tirarse cuesta abajo a toda velocidad. Al grupo de mayores, tu hijo incluido, adivina..sí, así es:  a ellos también los carga el diablo.

Incumplir estas condiciones y combinarlas entre sí puede resultar letal. Y, por supuesto, no conservarás los dientes de tu hijo/a intactos. Adiós a la sonrisa angelical. Hola a la sonrisa gamberreta con diete roto incorporado.

He dicho.

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