Siempre me ha gustado la música y cantar, mucho, mucho. Pero no os vayáis a pensar que tengo buen oído musical, que toco el piano o que canto como Adele. Yo soy más del desafine, eso sí se me da requetebien. O como está harto de recordarme mi padre “Tú no cantas. Tú ladras, hija, ladras”.

Pero yo nunca me he venido abajo con mis gorgoritos, ni cuando he hecho el ridículo delante de una audiencia considerable. Lo recuerdo como si fuera ayer; en menudo berenjenal me metió mi madre…y todo por un regalo gratis.

En la radio entrevistaban a Torrebruno y oyó decir que a los niños que hablaran con él en directo le harían un regalo muy especial. Como estaba allí hablando del circo, mi madre pensó que serían entradas para ir gratis. Regalo ideal para hijos de 8 y 7 años. Y llamó. De mientras, se confirmaron las sospechas y le regalaron a un niño en antena cuatro entraditas para el circo. Y entonces le cogieron la llamada. Yuuupiiii, dijo mi madre. Glups, pensé yo. Y me puso al teléfono. Requeteglups. Y saludé a ese señor mientras mi mente infantil se preguntaba  quién demonios era Torrebruno, si a mí quienes me gustaban eran Enrique y Ana y Teresa Rabal.

Entonces, con una suerte que solo a mí me acompaña, me dice el locutor que para conseguir el regalo tengo que hacer algo especial que no habían hecho hasta entonces los otros niños anteriores. Y me sueltan, así, a bocajarro, que les cante una canción de Torrebruno.  Menudo marrón. Ejem. Mi mente infantil otra vez se puso en funcionamiento. La gallina cocouá no, que es de Enrique y Ana. Cumpleaños Feliz no, que es de Parchís. Veo veo no, que es de Teresa Rabal. Corcholis. No es posible. ¿Qué demonios canta Torrebruno? Mantuve un silencio sepulcral en antena mientras me concentraba en buscar una dichosita canción, de lejos oía voces  animarme una y otra vez a cantar. Si llegan a saber que no era timidez sino falta de repertorio…

De repente, se hizo la luz, me acordé de la canción que sonaba justo dos llamadas antes de mi participación. Y dije alto y claro que iba a cantar “Tigres y Leones”. Y eso fue lo que hice, literal, durante un minuto o más. Tiiiigres, tigreees, leoneeees, leooooones. Y vuelta la burra al trigo. Tiiiigres, tiiigreees, leoooneeees, leooooones. Hasta el infinito y más allá. Cada vez con más fuerza, más entregada a mi canción. ¡Todo sea por el circo! y entonces oí un “Ya, guapa, ya. Has cantado muy bien.”

Adivinad qué tuvieron a bien regalarme después de dar el cante en vivo y en directo. Pues me quedé sin circo, así como lo leéis, pero poseo una preciosa cinta de casete de Torrebruno con todos sus hits. Creo que fue una mensaje subliminal para mi madre del tipo “Señora, que la niña se aprenda el repertorio del invitado antes de llamar. Gracias.” Y, efectivamente, me aprendí de pé a pá sus letras, por si volvían a sortear entradas de circo en la radio. Y las sigo recordando, que conste, que ahora mismito podría cantaros Don Pelanas, compañero súpercan, sin pestañear.

Y vosotros, no me digáis que vuestras madres o padres nunca os metieron en algún compromiso cuando eráis pequeños… Vamos, vamos, contad y hacemos un poquito de terapia conjunta.

Marta

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