La semana pasada nos íbamos todos de excursión con nuestro bocata de tortilla y, hoy, me llevo a las chicas a jugar un ratito a la hora del patio, ¿qué os parece? Mientras dejamos a los chicos jugando a fútbol o haciendo el kamikaze por ahí, nosotras sacamos la goma elástica y ¡a saltar se ha dicho!

Aquellos felices años en los que jugar a la goma era el colmo de la diversión

La goma elástica es un clásico entre los juegos infantiles de la hora del patio o el parque.

El juego comenzaba facilito con la goma en los tobillos y, poco a poco se aumentaba la dificultad, ya sabéis: rodillas, cadera, cintura, axilas, cuello y, el más difícil todavía (y para el que hay que tener muy mala leche para inventarlo), manos arriba con la goma en lo alto. Primero se sujetaba la goma con las dos piernas, después sólo con una… Vamos, resumiendo, el cinturón negro de karate al lado de esto es una broma.

La goma de saltar era un juego muy divertido, pero como todo en esta vida, había a quien se le daba bien y a quien se le daba mal. O muy mal. O fatal. Yo era de las del último grupo, para qué engañaros. Yo, que tengo la misma forma física que Don Pimpón (del que hablaremos a su debido tiempo, por cierto), era una patata saltando, un auténtico desastre. Aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, no había manera y me pasaba medio juego sujetando la goma; pero, oye, tampoco os voy a decir que me preocupara mucho, porque se agradecía de vez en cuando un descansito entre tanto brinco dentro, fuera, cruza, descruza, hop, hop, ¡alehop!

Y tela con los niveles. Para mí todo lo que fuera subir de la altura de las rodillas ya era difícil, así que os podéis imaginar que el nivel “axilas” era inalcanzable. Pero para infartarse, pero infartarse de verdad, eran los otros dos niveles: cuello y manos arriba (esto es un atraco). Para saltar eso, no os equivoquéis, no hacía falta una buena forma física, no, hacía falta tener muelles en los pies.

Y a pesar de los pesares, seguía siendo un juego genial incluso para las primas hermanas de Don Pimpón como yo, porque lo mejor de todo es que había mil variantes del  juego que no permitían que te aburrieras nunca por muy torpe que fueras. Estaba la versión de las canciones absurdas con mil enredos divertidos al son de la canción. Y digo absurdas porque, vamos a ver, recapacitemos… ¿quién demonios era Chanclas Patanclas? ¿y quién escribía a máquina a todo color para ver la cara de su profesor? y, sobre todo, ¿qué pintaba la canción de Calipo, el helado, en un juego como este?

También existía aquella variante de pisar la goma con los dos pies a la vez o alternándolos, brinco pacá, brinco pallá… o  incluso el de formar un triángulo o cuadrado y jugar al piso-paja. ¿Y qué me decís de aquel en el que tenías que enredar y pisar la goma de tal manera que quedara una especie de telaraña por donde tus compañeras tenían que atravesar sin tocarla?

Pues a pesar de lo mucho que me gustaba jugar a la goma, mi memoria de mosquito ha olvidado muchas de las canciones y versiones de este juego. Normalmente recurriría a la memoria prodigiosa de mi hermano, pero poco me va a ayudar esta vez, porque en esta ocasión él estaba más entregado a la peonza, canicas y cromos y, claro, la goma de saltar le suena a chino. Pero a chino mandarino.  Así que, en esta ocasión, necesito ayuda femenina, ¿qué tal vais de memoria? ¿me ayudáis a recordar alguna canción?

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