Mi padre dice que un tonto hace cientos, si le dan lugar y tiempo…

Archivo mensual: enero 2013

Vale, además de tener un tesoro puede ser tu peor pesadilla, pero tener un hermano o dos o tres mola. Si tus padres no se lanzan en la búsqueda de un/a hermanito/a, llega un momento en tu corta vida en el que lo deseas con todas tus fuerzas y te pones de un pesado que asusta. Y “mamá, quiero un hermanito” y “mamá, ¿por qué Silvita tiene dos hermanas y yo no tengo ninguno?” . Y así, en tonito machacante, llevas al extremo la táctica “martillo pilón” hasta que tus padres deciden (por agotamiento) que, con tal de no oírte, quizás sea buena idea eso de tener otra criatura.

foto de hermanos abrazados

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En la vida vamos tomando muchas decisiones, intentamos alcanzar con ellas la felicidad. Decidimos comenzar una relación con alguien porque nos gusta, decidimos tener hijos porque así nos lo pide el cuerpo… En general, decidimos cómo y cuándo queremos hacer las cosas. En lo personal y en lo laboral. Solo arriesgando se gana. Y de eso, los que juegan a la primitiva, saben un rato. A veces nuestras decisiones acaban en triunfo. Otras muchas, en fracaso. Pero con todas ellas hemos aprendido algo. Y es con eso con lo que nos tenemos que quedar.

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Había una vez una muñeca muy rubia, pero que muy muy rubia, que se hizo muy famosa, pero que muy muy famosa. Hoy, la protagonista de Un Tonto Hace Cientos, como bien sabrás, es… ¡la Barbie! La muñeca que toda niña deseaba tener. El Regalo de Reyes que seguro que ha caído en más de una casa y más de dos…

Barbie la muñeca más deseada de la infancia

Miles de modelos de todos los gustos para vestir y desvestir a la muñeca de las muñecas.

La primera vez que tuve una Barbie en mis manos yo era muy pequeña y, claro, me encontraba en una edad experimental. Me gustaba trastear con todo,  manosear plastilina,  recortar papeles… y la Barbie no valía para mis juegos, así que era muy normal que no acabara de encontrarle la gracia. Hasta que se la encontré, vaya que si se la encontré. La pena es que la diversión no me duró mucho tiempo. Sigue leyendo


Y eso es muy importante. Una puede entrar al año nuevo con pie izquierdo, con la cabeza como un bombo de tanta griterío familiar o lo que tú quieras, pero con ojeras… Never. Nunca. Jamás. Y yo eso lo llevo tan a rajatabla que si hay que entrar en el 2013 durmiendo para estar mona al día siguiente, pues se duerme. Bueno, si hubiera tenido que estar mona para algo, claro.

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