Y eso es muy importante. Una puede entrar al año nuevo con pie izquierdo, con la cabeza como un bombo de tanta griterío familiar o lo que tú quieras, pero con ojeras… Never. Nunca. Jamás. Y yo eso lo llevo tan a rajatabla que si hay que entrar en el 2013 durmiendo para estar mona al día siguiente, pues se duerme. Bueno, si hubiera tenido que estar mona para algo, claro.

Feliz Año 2013 La triste realidad es que había madrugado para ir a trabajar, me pasé la tarde con El Pequeño Flanagan y el Señor Alvin volviéndome loca, mopeé y fregoteé todo lo mopeable y fregoteable y, para rematar ese maravilloso 31 de diciembre, me metí en la cocina mientras mi queridísimo señor esposo luchaba con mis terroristas del hogar. No le envidio.

Lo cierto es que no es que tuviera planeado hacer la cena del siglo, nada de eso, pero ya una se lía y no sabe salirse del berenjenal. De hecho, ayer fuimos muy alternativos. Cenamos una sopa de galets y, a petición de mi maridísimo, tachán tachán, redoble de tambores… ¡pizza casera! -sorpreeeeeesa- con copete de bacon, salchichas y queso. Rica, riquísima. Acompañada de cava del bueno. ¿Qué? ¿Cómo se os queda el cuerpo? Pizza y cava. ¿Somos o no somos alternativos? Ríete tú de las nécoras o de elaboradísimos menús deconstruidos. Pues no estaba rica ni nada mi pizza casera.

Y los críos se pusieron las botas, claro está. Estos niños míos tienen el gen de la solitaria en su ADN. Se pusieron de sopa de galets, de pà amb tomàquet, embutido y pizza hasta las cejas. A los postres ya no llegaron -¿dónde lo iban a meter?- y ¡menos mal! porque no había preparado nada de postre, ni de turrones, ni polvorones… Nada. Después de la pizza hubo un gran agujero negro en el menú. Toma cena de gala de Nochevieja en mi casa.

Y a las 22:30 cuando me acosté con el Señor Alvin para entregarle en brazos de Morfeo me entró un sueño a mí que para qué os cuento y, sin más, me dormí. Mi chico intentó que me levantara, pero me di media vuelta y le dije algo así como “estoy tan a gusto…”.

No negaré que por un momento me planteé levantarme, porque mira que es triste empezar así el año, pero estaba tan calentita en mis recién estrenadas sábanas del Pirineo (¡qué invento!) que para qué moverme… Y como había dejado las uvas preparadas quién sabe si abriría el ojillo a eso de las 23:55 y  me daría tiempo a tomármelas. Pero eso no pasó: demasiado a gustito.

En cualquier caso, no puedo negar que entré en 2013 haciendo una de las cosas que más me gusta hacer: Dormir. Así que, si lo pienso bien, no está tan mal la forma en la que he comenzado el año, haciendo cosas que me gustan.

Ojalá sea lo que ocurra  durante todo el año. Que pueda dedicarme a lo que me gusta, que disfrute día a día con aquello que haga.  No es tan fácil como parece. Y, aunque sea con pequeñeces, hoy lo he conseguido. Dos veces. Porque después dediqué mi mañanita a hacer algo que también me gusta y, sí, por fin puedo decirlo, después de proponérmelo muchos años, hoy he hecho mi primer  -y delicioso-  Roscón de Reyes.

Que siga así el 2013, qué siga así.

 

Anuncios