Había una vez una muñeca muy rubia, pero que muy muy rubia, que se hizo muy famosa, pero que muy muy famosa. Hoy, la protagonista de Un Tonto Hace Cientos, como bien sabrás, es… ¡la Barbie! La muñeca que toda niña deseaba tener. El Regalo de Reyes que seguro que ha caído en más de una casa y más de dos…

Barbie la muñeca más deseada de la infancia

Miles de modelos de todos los gustos para vestir y desvestir a la muñeca de las muñecas.

La primera vez que tuve una Barbie en mis manos yo era muy pequeña y, claro, me encontraba en una edad experimental. Me gustaba trastear con todo,  manosear plastilina,  recortar papeles… y la Barbie no valía para mis juegos, así que era muy normal que no acabara de encontrarle la gracia. Hasta que se la encontré, vaya que si se la encontré. La pena es que la diversión no me duró mucho tiempo.

Os prometo que no hice nada, de verdad, se rompió sola. No tengo ni idea de cómo se le salió una pierna, ni cómo ocurrió lo mismo con la otra. Por supuesto que no tengo explicación para lo que ocurrió con la pobre cabeza y los brazos. Y yo nunca cogí unas tijeras para cortar su larga melena, nunca. A mi Barbie se le cayó el pelo. Os lo prometo. Vosotros no os lo creéis y mi madre, en su día, tampoco. De poco me valió repetir que no había sido yo. Bueno, a lo mejor la descuarticé un poquito, sí, pero fue sin querer, de verdad.

El resultado de aquella acción fue que me quedé sin Barbie y mi madre se negó a comprarme otra. Nunca entenderé por qué el “no volveré a hacerlo más” nunca ablandó el corazón de mi madre.

Al margen de mi pequeño incidente, todos estaremos de acuerdo en que los de Mattel fueron muy listos y acertaron de pleno creando decenas de Barbies distintas con profesiones o hobbies diferentes. Ibas al Pryca y te volvías loca viendo a la Barbie piloto, a la Barbie princesa, a la Barbie se va de fiesta, ¡qué sé yo! Y, claro, ¿por cual te decidías? Te volvías tarumba intentando eligir una. ¿Y esos complementos? Eso era ya la ruina total. Y no me refiero solo a la ropa, sino a esos descapotables, esos perritos de compañía, ese corcel, esa casa o autocaravana… ¿Qué es lo que no tenía la Barbie? Si por tener, tenía hasta una hermana, Skipper, y un novio llamado Ken.

¡Ay Ken! Si yo os contará lo surrealista de mi situación… No había manera de que mi madre me comprara una Barbie, pero algún iluminado (de cuyo nombre no puedo acordarme) me regaló para mi cumpleaños un Ken, vestido de novio y con pajarita. Toma ya. Mira que regalar un Ken a quien no tiene Barbie…¿Alguien podría explicarme qué podía hacer yo con un Ken si no tenía con quién besarse apasionadamente?

Debí de darle mucha pena a mi madre con mi Ken soltero y célibe porque finalmente se apiadó de mí y en mi decimocuarto cumpleaños me trajeron a la Barbie patinadora. Demasiado tarde, ya me daba vergüenza jugar con ella. Pero como era mi mayor anhelo desde hacía muchos años, me di toda la prisa que pude: la hice estudiar una carrera universitaria, allí vivió una intensa historia de amor con mi Ken con besos apasionados (¿estaría yo obsesionada?) y, finalmente, les casé. Sin saber si se había quedado embarazada, la Barbie acabó guardada en una caja, junto a su novio Ken, antes de que mis amigas de clase pudieran enterarse de que aún jugaba con muñecas.

Ahora, cuando vuelvo a mi casa, siempre encuentro un hueco para abrir la caja donde la guardé. Allí está mi Barbie Patinadora, 20 años después, tumbada con su Ken. ¿Qué tendrá esta muñeca que, pasen los años que pasen, la sigo guardando con tanto cariño? Tanto es así que no he dejado que nunca nadie la toque, hasta este año pasado. Un día se la dejé a mi sobrina de 4 años y la Barbie se quedó sin mano… Sí, sé lo que estaréis pensando…Pero esta vez, de verdad de la buena, fue sin querer, la Barbie se rompió sola. Snif.

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