Creo que es la primera vez que he leído un libro porque estaba intrigada por qué será lo que tiene el negro, digo, el Grey. Desde el verano pasado, oía hablar del susodicho Grey cada tres horas, más o menos. En los corrillos de la piscina, en los foros… todo el mundo hablaba de él y de sus sombras. Yo, al cuidado del Pequeño Flanagan y el Señor Alvin, ni tiempo había tenido de enterarme de que, ahí fuera, había una novela que estaba arrasando entre el público femenino. Cincuenta sombras de Grey es su título. Os suena, ¿eh?

Cincuenta sombras de Grey chica atada sexy

En navidades me hice con ella y me puse manos a la obra. No tardé ni una página en darme cuenta. Menudo plagio de Crepúsculo. Y la escritora no lo esconde, al menos en esto es sincera. Reconoce ser fan total de la saga Crepúsculo y, por eso, se le ocurrió empezar en Internet una historia más que inspirada en dicha saga. Y lo que ocurrió después fue que el plagio le salió redondo, porque plagia que te plagiarás, best seller que le salió.

Empecemos con las coincidencias. La protagonista es como Bella de la saga Crepúsculo: Una chica jovencita -bueno, vale, esta ya está en la universidad y Bella estaba en el insti- que está como un queso, aunque ella aún no lo sabe. Sí, sí, se considera del montón y no sabe sacarse partido. Le gusta la ropa cómoda, como a Bella, y es torpe como ella sola, como Bella. A Bella la llaman Bella por Isabella. A Ana la llaman Ana por Anastasia.

Ambas tienen un amigo al que le encantaría ser algo más que amigo. En el caso de Bella es Jacob, en el caso de Ana es su amigo el fotógrafo, José. Qué curioso que estos chicos no acaben de entender que ella lo que les ofrece es una amistad, pero nada más. Además, Bella tiene otro admirador: un compañero del instituto, Mike, cuyos padres tienen una tienda en la que ella acabará trabajando. Ana, cómo no, también tiene un admirador (aparece poco el pobre, eso sí), hijo de los propietarios de la tienda en la que ella trabaja.

Hasta ahora tenemos chicas jóvenes y torpes que trabajan en una tienda a quienes, a pesar de considerarse del montón, les salen pretendientes hasta debajo de las piedras.

Llegamos a Grey. Aquí tenemos un Edward en potencia. Un chico joven que vive una vida muy solitaria y que es asquerosamente rico. Si la sombra de Edward es que es un vampiro, la sombra de nuestro Grey es que le va la marcha en esto del sexo sadomaso. Y claro, adivinad, los dos consideran que iniciar una relación con nuestras protas es algo peligroso para ellas. Uno porque te puede matar, el otro porque te puede hacer daño. Tela. Las coincidencias siguen más allá, por supuesto, pero si Edward es incapaz de saber lo que piensa Bella, resulta que Grey tampoco es capaz y así se lo hace saber a Ana en más de una ocasión.

Y, vamos, esto son solo pinceladas…porque coincidencias hay mil. Madres -de ambas- alocadas y que no se centran en una única cosa, que viven lejos de sus hijas porque tienen una relación con un hombre que esperan sea el definitivo. Hijas preocupadas por el equilibrio emocional de sus madres. Padres que no son padres biológicos, pero como si lo fueran, cuya particularidad es que son taciturnos y solitarios. Relaciones que empiezan y que se interrumpen por una de las dos partes y que dan lugar a un giro en la trama.

Reconozco que según va avanzando el libro, el relato de Cincuenta sombras de Grey se aleja del Crepúsculo de Stephanie Meyer, pero madre del amor hermoso, no sé si no hubiera sido mejor que se hubiera limitado a plagiarlo un ratito más.

Se vuelve un libro repetitivo en todos los aspectos, ya no solo en lo básico y facilón de la escritura, su estilo simplón, sino en el propio contenido. El relato en sí se repite hasta la saciedad y no avanza ni para tres. Siempre con el “ay, por favor, qué día despejaré las ciencuenta mil sombras de mi Grey”. Y, claro, tres libritos de nada le lleva despejar las sombras de su flamante, milloneti, perfectísimo y buenorro amante sadomaso. Pero no os engañéis, si os lo han aconsejado porque es erótico, no os hagáis ilusiones  porque hasta las escenas de sexo son cansinas. Que sí, que el “no me saciaré nunca de ti” y el “oh Ana siempre estás preparada para mí” ya nos lo sabemos de memoria en el tercer coito.

Pero si el libro es malo malote, no os quiero ni contar su final. Como era de esperar de una escritora que no es escritora tiene un final malo, muy malo, con el típico “y fueron felices y comieron perdices”. Y ya está, la tía se queda tan pichi con su final de familia feliz. Tres libros para esto.

Portadas trilogía 50 sombras de Grey

Para mí ha sido un libro difícil de digerir. Literatura de la buena desde luego no es; es más bien de la mediocre, sin más. Y lo digo yo que me vi absorvida por Crepúsculo que tampoco es que sea la releche, pero al menos a Stephanie Meyer le acompaña la imaginación.

Si te has leído el libro y te gustó, no te preocupes. Quizás la rara sea yo. Porque está claro que Cincuenta sombras de Grey es un best seller de traca y eso no se lo puede negar nadie. Y quiero creer que por algo será. Si la gente se lo lee por el sexo, por la historia de amor o porque el protagonista es el sueño de cualquier mujer (un tío guapísimo, listo y forradísimo de dinero que solo tiene ojos para ti y que está más que dispuesto a hacerte feliz) es algo que no me queda muy claro.

Pero el éxito de Cincuenta Sombras de Grey me da pie a pensar que quizás algún día yo también pueda escribir algo, incluso algo decente. Por si la cabeza no me da para más, estoy pensando en plagiar el Cincuenta Sombras de Grey.

Voy a hacer que mi jovencita ya esté cursando un master y se enamore de su profesor -un tío buenorro y que está forrado, como Edward o Grey, gracias a sus negocios en la bolsa-. Desgraciadamente para ella, su profesor de ensueño será un ser corrupto (ni vampiro ni sadomaso, eso ya lo hemos visto antes) que pondrá en peligro su relación y la integridad física de mi protagonista. ¿Os suena?

¿Os habéis leído 50 sombras de Grey? ¿Qué os ha parecido?

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