¿O debería de decir los mejores? Quizás porque tengo debilidad por los números impares o quizás porque he estado más receptiva y he encontrado muchos regalos en un día en el que no esperaba ninguno…

feliz cumpleaños

En la oficina me han regalado los oídos diciéndome que mi empanada casera estaba deliciosa, tanto tanto como por lo menos la de sus respectivas parejas…y eso es un gran regalo. Oigo yo por ahí a mi chico diciendo que alguien hace mejor que yo las empanadas y ya puede habérselo dicho al mismísimo finalista de MasterChef, que me lo cargo…

Me han regalado por dos veces una preciosa canción de cumpleaños vía teléfonica. Gracias a las dos personas, bueno, una de ellas personita, que me han sacado unas sonrisas y alguna lagrimilla al escuchar sus dulces voces deseándome un feliz día. Hormonas alteradas, sí, qué pasa, la edad que me afecta.

Me han regalado piropos sin saberlo al contestarles a la pregunta recurrente del día con un “29” y creérselo. Sé que me conservo bien, pero no tanto. Lo mejor es cuando añaden lo de “ostras, pues sí que has sido mamá joven”.

Hoy también me han regalado un bañito en la piscina con ropa incluida y sin bañador. Un momento que reconozco que ha sido divertidísimo. Y no sé qué ha sido mejor, si las sensaciones de que me tiran que sí que no, si el propio chapuzón inesperado que el socorrista ha tenido a bien regalarme o las sonrisas de todos los espectadores al evento mientras salía de la piscina con las ropas empapadas.

O quizás lo mejor sean las risas que me he echado después del bañito de marras, porque ir desde la piscina a casa riéndote como una tonta, saludando al tendido empapada de pies a cabeza, chorreando agua sintiéndome como una niña de 16 no está mal…

Que uno de tus hijos te regale besos sin parar, según le da, simplemente porque es tu cumpleaños…

Que uno de tus hijos te regale la frase de que un regalo no puede ser solo un dibujo, no, no y no. Que lo sepáis, el pequeño Flanagan me ha asegurado sacándome una sonrisa que “un regalo tiene que tener un juguete, sino no es un regalo.”

Que tu marido te sorprenda envolviéndote algo que querías y no esperabas en un maravilloso papel de regalo casero decorado con dibujos de tus hijos donde puedes leer “Te queremos mamá”.  Eso ya no es un regalo…Eso, eso no tiene precio. Ese momento en el que venían los tres por el pasillo sosteniendo mi regalo no lo olvidaré jamás, sus caritas de emoción por darme una sorpresa.

Así que ¿qué más puedo pedir? Pues nada. Porque irme a la cama con una sonrisa dándome cuenta de que soy yo quien decide qué ha hecho especial mi día por tonto que pueda parecer es el mejor regalo que podía hacerme a mí misma.

¡Felices re29, Marta!

Doy finiquitado por hoy un día feliz.

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