Soy madre.

Soy madre de dos hijos.

Soy madre de dos hijos alérgicos.

Soy madre de dos hijos multialérgicos.

Eso es: Madre de dos hijos multialérgicos. Esa soy yo.

alimentos alergénicos dermatitis atópica

En casa nos las conocemos todas: alimentarias, ambientales, a los medicamentos… Tenemos de todo un poco como en botica.

La verdad es que llevo bien lo de ser madre de dos hijos alérgicos. Pero, claro,  es que juego con ventaja:  nunca he tenido un hijo que no sea alérgico, así que no puedo echar de menos cosas que no he conocido.

En mi rutina diaria tengo costumbres que otras madres no tienen y que tacharían de auténtico coñazo. La más típica es la del carro de la compra, ya sabéis, no puedo comprar nada sin antes haber leído su listado de ingredientes de cabo a rabo. Un rollo, sí. Pero un rollo alucinante, mira que se aprenden nombres raros. Si eres madre/padre de alérgico sabrás que existe algo llamado goma guar y que está presente en multitud de alimentos. Sabrás que la soja nos la meten doblada en prácticamente todos los alimentos, idéntico ocurre con la leche. Ni el jamón serrano se libra, oiga. La de marranadas que comemos. Que servirán para conservar, espesar y todo lo que tú quieras, no digo que no, pero telita con los ingredientes de los alimentos que comemos.

En mi casa comprar algo nuevo es toda una aventura, es casi como practicar deporte de riesgo. Algunos para dar emoción a su vida deciden tirarse en parapente y yo, sin embargo, solo tengo que buscar unas magdalenas nuevas para que el Señor Alvin no se aburra del desayuno. Creedme que el señor del parapente y yo generamos el mismo nivel de adrenalina. Comprar para un alérgico es complicado y arriesgado, porque como te equivoques te puedes ver en un serio apuro.

alimentos que provocan alergias

Parecen tan inofensivos…

Lo curioso de las alergias es que, pese a que cada vez hay más afectados de alergia de cualquier tipo, sigue siendo una enfermedad muy desconocida. La mayoría de la gente cree que no es algo grave y que se trata de una simple rojez alrededor de la boca. Otros simplifican la alergia hasta niveles insospechados, por ejemplo, piensan que cuando eres alérgico a la leche lo único que no puedes tomar es leche, ni caen en la cuenta que “leche” incluye cualquier derivado lácteo (mantequillas, quesos, yogures…) o productos fabricados con proteínas de la leche (embutidos, bollerías,…). Creedme si os digo que puedes decir a alguien que tu hijo es alérgico al huevo y que os invite a comer y te plante un rebozado y se quede tan a gusto, como no te ha puesto un huevo frito… Y yo sé que no es maldad, se trata de simple desconocimiento. No les culpo. Todo esto lo aprendes cuando oyes a alguien decir la frase que marcará tu vida: “Tu hijo es alérgico”.

A partir de esa frase, tu vida cambia aunque no quieras. Ya no solo tienes que aprender a controlar las rabietas de los dos años o en qué orden debes introducir los alimentos en su alimentación. Pasas a tener que aprender todo sobre el inquietante mundo de las alergias. Comienzas a saber lo que es un prick, qué demonios buscan cuando miran los Iges, a qué se refieren cuando hablan de provocaciones, cómo debes cocinar en casa, qué precauciones debes tomar cuando sales fuera de casa…

Y, por supuesto, descubres que tus hijos son seres magníficos que aceptan su enfermedad con estoicismo -y os puedo asegurar que con dos y tres años no es nada fácil pasar por ello. Que saben que van a un cumple y puede darse el caso de que no puedan comer nada de lo que allí hay y que lo acepten sin rechistar. Que saben que no pueden ir a ciertas excursiones donde les pirraría ir y lo aceptan sin rechistar. Que les encantaría sentarse en una terracita y tomarse unas tapas como otras familias y que oigan un “no, porque no sabemos con qué ni qué cocinan” por respuesta y que lo acepten sin rechistar.  Así tantas y tantas cosas.

Sí, salir a comer por ahí un fin de semana, ir de vacaciones a un hotel, ir a comer a casa de unos amigos… Todo se pone cuesta arriba cuando se trata de alergias. Cambias tus hábitos. No queda otra.  E intentas que otros también los cambien…

Mis hijos han ido a escuela infantil y ahora van al “cole de mayores”. Siempre he hablado con los directores de los centros donde han estado matriculados. En ocasiones, después de hablar con ellos, he conseguido lo que creía que era justo para mis hijos.

En general, sobre todo en la escuela infantil donde fueron mis hijos, siempre me lo han puesto fácil. En otras ocasiones, te tropiezas con un docente que no sabe de lo que habla cuando se niega a dar un medicamento a tu hijo por no estar obligado por ley, a pesar de avisarle de que tu hijo  puede fallecer por no atenderle a tiempo. Un 112 en un caso de anafilaxia puede llegar demasiado tarde. Pero siempre habrá personas que no lo entiendan, yo he conocido a una de ellas.

Me gustaría contaros muchas más cosas sobre las alergias. Daros a conocer un poco qué pasa por la cabeza de una madre de alérgicos. Me encantaría poder explicar con palabras qué se siente cuando te sientes abrumada por la sensación de que puedes perder a tu hijo en cuestión de segundos, cualquier día, a cualquier hora, en cualquier inesperado momento.

Yo, ayer, me encontré en una de esas. Un ataque de alergia de los gordos del Señor Alvin me volvió a dar un bofetón de realidad. Ahí estaba, agazapada, esperando el peor de los momentos para salir a la luz. La alergia siempre está y estará ahí, dispuesta a atacar cuando menos te lo esperas, cuando sigues intentando dar normalidad a tu vida. Y, de repente, con semejante bofetón, tu vida vuelve a dar otro giro inesperado. La angustia por lo que pudiera pasar nunca desaparece. Ojalá todo fuera tan fácil como leer un simple listado de ingredientes…

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